miércoles, 24 de febrero de 2016

La anciana y el hombre pasaron 20 minutos tomados de la mano en silencio.


Él estaba muy agresivo en el metro. Entonces esta abuelita le dio una lección a todos los pasajeros

“Vi la la expresión de humanidad más increíble cuando iba en el tren. Un hombre de casi dos metros, que sufría de abuso de drogas/enfermedad mental estaba siendo muy agresivo en el vagón…”

Ehab Taha se encontraba haciendo un viaje en el metro de Vancouver cuando hombre interrumpió su tranquilidad. Era un tipo sin pelo, grande, que se comportaba errática y violentamente. Los pasajeros del vagón quedaron sorprendidos. Su actitud hacía pensar que estaba bajo los efectos de alguna droga o que padecía alguna enfermedad mental. Nada de lo que hacía tenía sentido; tan sólo gritaba y maldecía sin razón alguna.
Unos adolescentes que se encontraban ahí comenzaron a reírse del sujeto. Y el mismo Ehab quiso cambiarse de lugar debido a la molestia de tener a alguien gritando cerca. Sin embargo cuando vio la reacción de una anciana, no pudo dejar su lugar y prestar atención a lo que sucedía entre ella y el supuesto drogadicto. De ese momento tomó una foto e hizo un pequeño relato:
“Vi la la expresión de humanidad más increíble cuando iba en el tren. Un hombre de casi dos metros, que sufría de abuso de drogas/enfermedad mental estaba siendo muy agresivo en el vagón, haciendo movimientos erráticos, maldiciendo y gritando. Mientras todos estaban asustados, una mujer de setenta años alargó su mano para coger firmemente la del sujeto. Éste se calmó, se sentó en silencio y lágrimas salieron de sus ojos. Yo hablé con la mujer después del incidente, ella simplemente me dijo: “Yo soy madre y él necesitaba que alguien lo tocara”. Luego ella comenzó a llorar. No teman o juzguen a los extraños en el bus: la vida no trata igual a todos”.

La anciana y el hombre pasaron 20 minutos tomados de la mano en silencio. Una vez que llegaron a la parada, el tipo le dijo: “Gracias, abuela” y se alejó

Ehab, quien tomó la fotografía, contó que él también agradeció a la señora: “Dios la bendiga; el mundo necesita más gente como usted”. Ella le había dicho que el tipo parecía necesitar ayuda, así que ella simplemente le sostuvo la mano para que no se sintiera solo. La mujer agregó que ella tenía dos hijos adultos y que esperaba que alguien hiciera lo mismo por ellos si es que llegaran a necesitarlo.

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